UNIDAD

04. UNIDAD

QUÉ bonito es el pluralismo, dicen. Qué ameno. Qué entretenido para mirar por la ventana. Y nos insisten tanto y tanto en lo divertido que es este pupurri cultural que al final nos puede parecer que la unión, la unidad, la hermandad, la compenetración, la armonía, el equilibrio y la solidaridad son realmente cosas aburridas. Desde ese punto de vista superficial y tontorrón lo más “guay” es este cosmopolitismo babélico que mira todo como en un caleidoscopio. En la variedad está el gusto, dicen. Y eso es verdad hasta cierto punto. ¿Hasta qué punto? ¡Ah, ese es el quid de la cuestión! El café para todos o las modas de las ideologías totalitarias son unidades forzadas y aburridas porque se suelen establecer en torno a falsedades. De acuerdo. Pero ¿qué pasa cuando la unidad se alcanza en torno a algo bueno? ¿Por qué hemos de rechazar esa clase de unidad? ¿Por qué no vamos a sentir alegría cuando saltan las barreras entre los vecinos? Yo lo que pienso es que la unidad es buena si es para bien y que es mala si es para mal. Es que, claro, yo no soy relativista sino un cristiano simplón. Yo creo que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Y por eso pienso que es bueno, por ejemplo, que todos los habitantes de un pueblo vayan unidos y en bloque detrás de la cruz parroquial. Y por eso me alegro cuando veo unidad en la defensa de todo lo que es objetivamente bueno. Algunos ingenuos piensan que la unidad del mundo consiste en eliminar las aduanas. ¿Y para qué me sirve un mundo sin fronteras si no tengo nada que ver con mis VECINOS?

F. Javier Garisoain