GRACIAS

08. GRACIAS

“GRACIAS” es lo que dicen las personas educadas cuando se les hace algún favor, sea grande o pequeño. El primer hombre que dijo “gracias” vino a decir, más o menos: “deseo que la divinidad te envíe gracias”. Es lógico. ¿Quién otro sino Dios puede dar dones gratuítos? Nosotros podemos desearlos o pedirlos, pero no podemos concederlos. Decir “gracias” es pues un acto de religiosidad. Lo mismo que decir “gracias a Dios”. Son verdaderas jaculatorias. Y si alguien tiene la fea costumbre de no dar las “gracias” en la conversación cotidiana podemos llamarle maleducado. Y si las deja de dar a propósito habrá que pensar que es o un creyente no practicante... o prácticamente un ateo. Hay otras expresiones del habla coloquial que reflejan la religiosidad milenaria de nuestros antepasados y que sólo en la obscuridad ensoberbecida de Babel pueden pasar inadvertidas. Decir “buenos días”, por ejemplo, es desear que Dios nos conceda un buen día. Por eso la fórmula completa es “buenos días nos dé Dios”. Decir “Adiós” equivale a encomendar al que parte. Es, directamente, hacer una oración sencilla. Por eso el “a-Dios” cristiano suena estridente entre quienes prefieren despedirse con el triste y aséptico “hasta luego”. Decir “Jesús” cuando se estornuda es como si se dijera “salud”. Porque Jesús es salud. En fin... ¿no es hermoso llevar al lenguaje cotidiano la expresión de la fe? Eso si que es auténtica inculturación del Evangelio. Gracias por su atención. - Ave María Purísima. - Sin pecado CONCEBIDA.

F. Javier Garisoain