ADEPTOS

49. ADEPTOS

LOS griegos llamaban “adepktos” a los ciegos. No lo negaré: algo cegados si que estamos todos cuando seguimos a alguien o a algo. Somos un poco adeptos porque somos humanos, y porque no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Pero siempre hay grados. Por eso me atrevo a decir que los cristianos somos los menos adeptos del mundo. La Iglesia no nos pide cerrar los ojos sino abrirlos a la contemplación de lo visible y lo invisible. No somos pues adeptos, sino videntes. Si la fe se pinta ciega es porque prestó sus ojos a los que creen. Los hombres de fe han visto siempre más cosas y han entendido todo mucho mejor que los incrédulos. Profesar el cristianismo agudiza la vista. Los profetas, los sabios verdaderos que son los santos, los místicos, son capaces de ver el futuro, lo escondido y lo invisible. Los cristianos no lanzamos hipótesis de trabajo sobre el sentido o el origen de la vida. No necesitamos palpar las paredes en la tiniebla. Los cristianos conocemos ya gracias a la luz de la fe el por qué y el por Quién de casi todas las cosas, y por eso lo vemos todo con mayor claridad. Y por eso estamos muy contentos cuando observamos que todo encaja. ¡Vista y al toro, cristianos! Sigamos con los ojos bien abiertos, sin miedo a la verdad multicolor. Que no somos adeptos sino hijos de la luz. ¿Quién será más ciego? ¿El hombre libre que busca y encuentra y ve la verdad o el teleespectador que se limita a mirar lo que pasa ante sus ojos mecánicos? Que no nos cambien la contemplación por la TELEVISION.

F. Javier Garisoain