AMOR

31. AMOR

LA primera acepción del diccionario de la Real Academia lo define como un “Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido”. Dicho en cristiano: que amar es querer el bien de la persona amada. Alimentar, peinar, escuchar o rascar la espalda a la persona amada pueden ser peldaños en el amor que procura el bien del otro. Pero a ningún loco se le ocurriría decir que basta uno de esos peldaños para completar la escalera del amor. Y sin embargo hay locos con pinta de cuerdos que después de hacerse el muerto, hacer la pelota, hacer una broma y hacerse el simpático creen que se puede “hacer el amor” sin amor. O ser cordial sin corazón. O darse con egoísmo. O jugar a disgusto. Me dan nauseas esos corazoncitos de neón que palpitan en las fachadas de los prostíbulos de carretera. Me pone nervioso ver tanta prostitución televisiva disfrazada de carantoña amorosa. Es la sexomanía que nos infecta para sustituir el sentimiento más puro por un simulacro rastrero. Al final nos obligan, como siempre, a adjetivar las cosas mejores de la vida con la etiqueta de “verdadero”. ¿Es que puede ser amor un amor que no sea verdadero? O es amor, o no lo es. O quiere el bien de la persona amada, o no lo quiere. O se encamina de forma radical hacia una persona digna de ser amada o se queda en un quiero y no puedo. Dicen que hay amores que matan. Claro. Son amores, no AMOR.

F. Javier Garisoain