ANGELES

24. ANGELES

CUANDO nos muramos lo entenderemos todo. Veremos con sorpresa cómo los ángeles son una pieza fundamental en el rompecabezas de este Universo. Y comprenderemos entonces hasta qué punto eran necesarios. Sin embargo mientras vivimos aferrados a esta bolita galáctica sólo disponemos de los ojos de la fe. Unos creemos en los espíritus. Otros se empeñan en no creer lo que les molesta. Los creyentes sabemos que ese Ser Supremo llamado Dios no se encuentra solo en su dimensión inconcebible. Los incrédulos enemigos de la contemplación sólo creen lo que  tocan, y a veces ni eso. Pero los ángeles existen mal que les pese, como existen las ánimas benditas (o no) de los difuntos... o como existe el alma de cada cual. San Miguel es mucho más que el entrañable relicario de Aralar. Y según las Escrituras tiene que dar mucho miedo que se te manifieste. Por otra parte pienso que los ángeles deben ser en realidad “gente” bastante normal. No creo, por ejemplo, que les haga gracia que se les ignore. Por eso me gustaría que fueramos más conscientes de que están ahí, soportando con la paciencia de quien no lleva reloj nuestros caprichos mezquinos. Y que están ahí también los “otros” espíritus. Porque los demonios de las películas de miedo son tan reales como el pecado y quien no reconozca su influencia maligna debería buscar una explicación más convincente para muchas cosas. En definitiva: que el mundo del espíritu está ahí, rodeándonos por doquier, y que seguirá produciendo teólogos -o brujos- mientras haya críos con dos dedos de frente que se paren un momento a mirar las ESTRELLAS.

F. Javier Garisoain Otero