BODAS

11. BODAS

LA familia es lo más natural. Y lo menos político que existe. Lo más auténtico y lo menos legal. Es el reducto en el que la fantasía y la aventura nos hacen plenamente libres. Las normas que hay dentro de cada familia emanan de la gratuidad femenina, exagerada y anárquica del amor. La organización familiar es anterior a cualquier forma política. Es superior. Y por eso se adaptará y resistirá a las ideologías más absurdas mientras existan jóvenes capaces de comprometerse de verdad. Capaces de casarse uno, con una, para toda la vida. Pedir la destrucción de todos los diques y de todas las presas no sería mayor locura que propugnar la supresión del contrato matrimonial. Una boda (del latín “vota”: votos) hecha como Dios manda, con sus promesas públicas y radicales, con la declaración formal y expresa de un amor perpetuo entre un hombre y una mujer es la muralla protectora que separa, diferencia, distingue y articula los ámbitos de lo público y de lo privado. Por eso anular, debilitar, suavizar, frivolizar o ridiculizar el momento solemne del consentimiento mutuo, además de eliminar la posibilidad de un amor total, entero e indisoluble, supone consentir la irrupción de la tiranía de los políticos en el ámbito mágico e intimo de lo privado. En fin, que si uno no se casa -o no se consagra-, se queda sin casa: a la intemperie. Tal vez se crea muy libre -como el vagabundo sin techo- pero entonces  ¿con qué argumento impedirá que el estado ponga una cámara de video en su DORMITORIO?.

F. Javier Garisoain