DUDA

48. DUDA

LA duda es una nube que pasa sin llover. La duda es un regalo de reyes sin abrir. La duda tiene la emoción de la olla exprés y nada más. La duda es un tren que no sabe si atropellar o descarrilar. La duda es un avión que no quiere estrellarse y  por eso no aterriza, pero al final se estrella. La duda es siempre nueva, es decir, siempre inútil, siempre ignorante. La duda es el humo oscuro que surge de las cosas que se queman con certeza. La duda es un cuchillo sin afilar, un martillo ligero, una cuchara agrietada. Los sabios dudan cuando se rascan la cabeza, pero no cuando escriben. El que escribe nunca duda. El que no duda puede confundirse mucho, pero el que duda se equivoca siempre. La duda es la cizaña del cerebro. La duda es la anti-ciencia, al anti-historia, la anti-filosofía. Quien duda no tiene voz ni voto hasta que deja de dudar. El que impone sus dudas a los niños hace más daño que un hereje. La duda es la mentira contada de forma mentirosa. Es una mentira a medias. Es una mentira que se guarda por si acaso. Dudar es subir una escalera sin escalones. Es querer y no querer. Es despreciar el tiempo que Dios nos regala. La duda corrompe al ingenuo, embota al sabio, rompe los lazos sociales, debilita el amor y la fe. La duda hundió a San Pedro cuando caminaba sobre las aguas. La duda es el fantasma de Pilatos, aquel que no quiso complicaciones. La duda es una enfermedad. ¿Por qué entonces tiene la maldita duda tan buena prensa? ¿Qué es lo que han visto en ella los ideólogos de moda para convertirla en la virtud estrella de los poetas muertos?... No lo SE.

F. Javier Garisoain