ESPERANZA

59. ESPERANZA

MIENTRAS hay vida hay esperanza, dijo Teócrito. Por eso la mayor esperanza es la de quienes esperamos la vida eterna. Todas las demás esperanzas no son sino destellos de esta virtud cristiana que crece cuando peor van las cosas. No es que sea lo último que se pierde. Es que al final, si la esperanza es auténtica, es la cosa más grande de todas las que restan al llegar la hora del naufragio. El fundamento de la esperanza, como el de la alegría despreocupada de los niños, es la confianza en Dios. No hay otro. Por eso, aunque también a los que esperamos en Él nos preocupen los males, sabemos que ninguno de ellos nos hará perder la esperanza. Esperanza que nace de saber que las cosas son lo que son; y de saber a ciencia cierta que no existe nada que garantice la felicidad de los hombres sino los Mandamientos de la Ley de Dios. Los hombres del siglo XXII -si es que han que ser felices- lo serán por hacer y pensar cosas sencillas y primitivas. Serán felices por pensar llegando a conclusiones; lo serán amando a su cónyuge y a sus hijos. Serán felices mientras crean con Aristóteles que "esperar es como soñar despierto". Serán desgraciados mientras crean con Nietzsche que "la esperanza es el peor de los males porque prolonga las torturas de los hombres”. La verdadera tortura es la mentira de quienes matan la esperanza haciendo del mundo un inmenso tanatorio, pulcro y ordenado. Si hemos de ser felices, cada vez que queramos empezar de nuevo, cada vez que sintamos la necesidad de limpiarnos, no tendremos más remedio que hacer las mismas cosas que durante siglos han hecho los santos: adorar a Dios, celebrar las fiestas, honrar a los padres, cuidar a los demás, vivir castamente, dar con generosidad, decir la verdad, pensar con limpieza, congratularnos con los éxitos ajenos... y tener una esperanza bien fundada. Porque lo importante de ese “estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos” no es el optimismo sin sentido, sino ese grado de posibilidad que sólo Dios puede GARANTIZAR.

F. Javier Garisoain