FILOSOFIA

40. FILOSOFIA

FILOSOFAR es como beber: cosa buena en su medida. Si nos pasamos de rosca hasta creernos el ombligo ideológico del mundo no seremos filósofos de verdad aunque nos inviten a las tertulias de la tele. Hay demasiados falsos filósofos, ciegos intelectuales borrachos que no saben explicarse, que ven doble, que hablan mucho, y que aparecen muy seguros de sí mismos. Pero entre tanto la madre filosofía, esa amable amiga del pensamiento y de todas las cosas reales, anhela filósofos que hablen claro.  Filósofos que quieran descubrir la verdad escondida de las cosas que se pueden tocar. Filósofos que se maravillen al recordar cómo fue árbol la madera que vibra en una guitarra; que fue cordero la lana de una bufanda. También al encontrar la historia verdadera de las cosas que se piensan. La historia de cuando dijiste “Papá”; la de tu primer insulto, o tu primer beso; la historia maravillosa de tu vida. Seamos agradecidos. Seamos todos un poco filósofos. Busquemos el hilo de la historia de cada cosa. Es un hilo de oro que nos remonta a los orígenes sencillos y luminosos del Génesis. Busquemos el origen de las cosas, del lenguaje, de las razas, de los cuentos, de las flores, del amor, de la vida, del pecado... Busquemos el por qué de todo como si fuera un juego. Tal vez al final la filosofía más completa sea la más simple. Filosofía pura que nos deje otra vez sólos y desnudos a la puerta del laberinto como en el Paraíso original. Si, desvalidos e infantiles, para dormir entonces sin temor en los brazos de un Dios misterioso y ALEGRE.

F. Javier Garisoain