LIBERALISMO

44. LIBERALISMO

AUNQUE se trate de un terreno pantanoso sí que me atrevo a decir algunas cosillas. Decir por ejemplo que el liberalismo no tiene nada que ver con aquel viejo adjetivo de “liberal” que quería decir generoso. Tampoco es adecuado para denominar a las chicas alérgicas a la ropa -¡pobres!- o a las personas de escasas convicciones morales. Hablemos con propiedad: los que saben filosofía dicen que el liberalismo es el naturalismo en política. ¿Y qué es el naturalismo? pues dicho brevemente: es una creencia pesimista que atribuye todas las cosas al primer principio de una naturaleza implacable. El liberalismo puro y duro es por lo tanto una ideología de fondo pesimista según la cual en realidad da igual lo que pensemos porque todo está ya determinado por las leyes ignotas de una naturaleza cruel. Da igual lo que creamos. Da igual a Quién recemos. Para el naturalismo y el liberalismo la sociedad es una masa de individuos o ciudadanos que pueden pensar o decir lo que les venga en gana siempre que acaten sin rechistar la voluntad de quien hace las leyes. El liberalismo no tiene en cuenta que las cosas son lo que son. Sólo le interesa la voluntad autónoma "de hecho" a la que se llama “la voluntad general”. No reconoce más dogmas que el de un fatalismo natural en el que la libertad sólo es un simulacro. El liberalismo tolera a los cristianos a condición de que no saquen su fe a la calle o pretendan llevar sus creencias a la vida social. El liberalismo dice que nos hace libres pero lo que hace es dejarnos solos como náufragos. A ver si lo distinguimos bien, que no es lo mismo ser libre que escéptico; que no es lo mismo ser libre que "ir por LIBRE".

F. Javier Garisoain