MAL

45. MAL

DICE la sana filosofía que el mal no tiene entidad; que es la ausencia de bien. Por eso decir que lo contrario de lo malo es lo bueno es como decir que lo contrario de medio perro es un perro entero. No señor. La antítesis del mal no es el bien debido, sino la sobreabundancia de bienes. El antónimo de pecado no es neutralidad, sino virtud. Lo único que puede contrarrestar el egoismo del mundo no es la justicia, sino la caridad gratuita. ¿Por qué gana el mal tanto terreno tantas veces? ¿En qué consiste esa fuerza irresistible que esparce los males en nosotros mismos y por todo el mundo? La maldad cuenta con dos bazas a su favor. Por una parte nos engaña porque esa carencia de bien nos da pena. Es una especie de debilidad delicada que la hace amable. Es sabido que lo malo triunfa siempre por el bien que tiene. ¡Cuántas veces aumentamos el mal pensando en disminuirlo! Además hay otro factor que multiplica los males: su comercio. O sea, que el mal se puede comprar. La bondad no. Por eso el dinero tiene tan mala imagen. Porque aunque se puedan comprar los bienes concretos y neutros, nadie puede comprar amor o caridad. Se puede pagar a alguien para que peque, pero nadie es bueno sólo por dinero. No hay mercenarios para el bien y sí para el mal. Porque si alguien obrase bien sólo por el pago pecaría de avaricia y entonces ya no obraría bien. Dios, que todo lo sabe, sólo pide amor desinteresado. Y nos propone la única solución para nuestros males: ahogarlos con abundancia de BIEN.

F. Javier Garisoain