PAREJA

57. PAREJA

POR no discriminar a las parejas de hecho estamos aceptando que se llame pareja al matrimonio. Hasta parece que nos cuesta decir esposo, marido, señora o casamiento tanto como antes nos repugnaba pronunciar las palabras amante, adúltero, barragana o concubinato. El problema no es que se esté tratando de equiparar la cohabitación con el matrimonio, sino al revés. Es la consideración jurídica y social del matrimonio lo que ha perdido entre nosotros el nivel que había alcanzado en siglos de civilización. No estamos ensalzando ahora el “arrejuntamiento” sino empobreciendo el matrimonio. No estamos perfeccionando “otras formas de familia” sino destrozando la familia natural. No estamos elevando lo imperfecto sino ridiculizando lo sublime. Llamar pareja al matrimonio es como llamar “bebida” a un vinazo gran reserva. Es como llamar “cosa” a la catedral de Burgos. Es como llamar “texto” al Quijote. Es como llamar “pajaro” a un cóndor. Hablar así es hacer trampas para engañar sin mentir porque no todas las parejas son matrimonio aunque todos los matrimonios sean pareja. La palabra pareja es un adjetivo topográfico que no indica nada mas que proximidad física. Tampoco nos dice nada sobre la complementariedad milagrosa que supone la unión de un hombre y una mujer. Llamar pareja a un hombre y una mujer que han dicho “sí, quiero” para darse absolutamente el uno al otro hasta que la muerte los separe, no es una mentira: es un INSULTO.

F. Javier Garisoain