RADICALIDAD

19. RADICALIDAD

EL dentista se preocupa por nuestros dientes. Y por eso nos radiografía la raíz. El jardinero cuida las flores. Y por eso pone o quita tierra de las macetas según sea el tamaño de las raíces. ¿Hay algo más radical que un dentista, o que un jardinero, en el desempeño concienzudo de sus cuidados? No. Yo no se por qué tendrá tan mala prensa el adjetivo en cuestión. Un radical estrictamente hablando es el que ama la raíz, el que la busca, el que la respeta, el que la reconoce, el que la sigue y hasta el que la quema cuando ya no sirve. Sin embargo nos empeñamos en confundir las cosas cuando llamamos radical al mono rabilargo que agita la copa del árbol alborotándola. O radical al que te rompe los dientes de una patada cuando no le caes bien. No señor. Esos no son radicales. Son gente superficial muchísimo más peligrosa porque algunas veces dan golpes que parecen caricias. Y otras veces dan besos traidores. Yo prefiero la gente que va a la raíz. Cuando aciertan lo hacen de pleno. Y si fallan, al menos no te hacen perder el tiempo. Todos los santos fueron gente intransigente, incomprendida, iluminada, fanática de la totalidad. Gente radical a los ojos de la comodidad institucional. Supieron ver las cosas desde su raíz. Y mucho más los santos fundadores, padres y madres de obras fructíferas que son la gloria de la Iglesia. Y no digamos los mártires. Ellos sí que fueron radicales. No se anduvieron por las ramas. Buscaron la raíz cuadrada de las matemáticas de Dios. Fueron al grano. La raíz de la raíz. El grano de MOSTAZA.

F. Javier Garisoain