RELIGIOSIDAD

47. RELIGIOSIDAD

LA han llamado “popular” en tono despectivo. Como si ser cosa del pueblo fuera pecaminoso. La religiosidad colorista de las mil iglesias locales ha soportado lustros de risitas y menosprecios pero vuelve como siempre, purificada y fortalecida para manifestar la fe de la buena gente. ¿No se daban cuenta aquellos críticos sesudos que es ésta humilde y a veces infantil religiosidad popular casi nuestra única oportunidad de respirar aire puro? ¿Es que no se asfixiaban en el ambiente enrarecido de su catacumba?. Si no fuera por las procesiones, la Adoración Nocturna y las romerías tendríamos una iglesia de puros teólogos. Una iglesia nebulosa de sabios ilustrados. Una cabeza sin cuerpo. Una flor marchitándose sin tierra. Un precioso hongo subterráneo exquisito, raro, aislado. La religiosidad popular continúa la Misión en los caminos de Santiago, de Javier, y del Rocío. Empuja a la Iglesia a la predicación en las calles alfombradas del Corpus Christi. Representa los misterios de la pasión de Cristo a los ojos de todos los públicos. Levanta un portal de Belén en cada escaparate. Grita "¡aleluya!" con la voz de bronce de las campanas. Se vuelca en miles de estampitas que producen millones de jaculatorias, villancicos, novenas y rosarios. A los romanos que desfilan junto al  Ecce Homo, a los pajes de los Reyes Magos que lanzan caramelos en la cabalgata, a los "Sanjosés" de barba postiza que posan en cada Belén viviente, a todos los devotos, penitentes y cofrades. Esta religiosidad llamada popular nos hace a todos MEJORES.

F. Javier Garisoain