RESIGNACIÓN

22. RESIGNACIÓN

LA resignación cristiana es una especie de humildad razonable que devuelve nuestra persona a un Dios eterno que nos ama. Un terremoto, una inundación, una enfermedad, son cosas inevitables que Dios permite para regalarnos luego bienes inesperados de forma misteriosa. Cuando suceden cobra sentido la resignación como paciencia ante la adversidad. Pero no confundamos este estoicismo sublimado de los creyentes con el papanatismo derrotista del que se entrega al poderoso de turno para reirle las gracias, o los crímenes. En las mercadocracias modernas estamos soportando con resignación muy poco cristiana cosas como la corrupción, la inmoralidad, la subversión del orden natural o cierto culto impúdico al euro, que hubieran sido intolerables para el pueblo católico de otro tiempo. Parecen cosa de otro planeta aquellas revueltas de antaño, los motines,  el dos de mayo, los comuneros, los irmandiños, los carlistas, los cristeros... Aquí ya no se levanta uno ni para ceder el asiento. El invento de la soberanía popular ha podido triunfar lleno de buenas intenciones, pero nadie negará que ha servido de paso para anestesiar cualquier rebelión genuinamente popular. Y encima ni siquiera ha conseguido eliminar esas pequeñas rebeldías injustas que pululan por doquier en forma de terrorismos inhumanos. Las cosas son complejas en este mundo imperfecto. Pero a veces pienso que no habría terrorismo si esta sociedad fuera capaz de rebelarse -con amor y verdad- como Dios manda. Si fuera tan resignada ante la Soberanía de Dios como rebelde ante los soberanos del MUNDO.

F. Javier Garisoain