VIDA

28. VIDA

QUE levante la mano quien tenga una definición de VIDA. Yo no soy hombre de ciencia pero nunca, a nadie, he oído una explicación convincente sobre la cuestión. Ni en casa, ni en la parroquia, ni en el colegio, ni en la universidad, ni en la tele... Y sin embargo los interrogantes están ahí: ¿Qué es éso que tiene un ser vivo qué deja de tener cuando muere? ¿Cómo hacer que viva algo que es inerte? El desarrollo tecnológico nos envuelve de tal forma en las ciudades modernas que podemos pasar el día entero sin ver un ser vivo: flores de plástico, máquinas, planetarios, semáforos... e insecticidas para lo que intente moverse sin licencia municipal. En este mundo de plasticada estamos perdiendo la noción de vida o muerte. Y la estamos cambiando por la noción de encendido o apagado. Pero la vida no depende de un interruptor. Interrumpir un embarazo -por ejemplo- no es otra cosa sino matar. Es atractiva esta apariencia de vida que tienen las cosas eléctricas. Y sin embargo la contemplación de cualquier animalillo vivo y semoviente comparada con la del robot más sofisticado es un espectáculo mágico, único y misterioso. Porque aunque lleguemos a identificar las fuentes de energía que mueven las patas diminutas de una hormiga, aunque descifremos el lenguaje de los delfines, aunque entendamos el mecanismo físico de las aves migratorias, nunca llegaremos a saber en que consiste la vida que tienen. Nunca, a no ser que demos crédito a esas palabras que son el centro de la Historia: “Yo soy el camino, la verdad y la VIDA”.

F. Javier Garisoain.