CARIDAD

70. CARIDAD

CARIDAD es una especie de amor. Es amor a Dios sobre todas las cosas y  es amor fraterno; la señal por la que conocerán si somos discípulos de Jesús. ¿Por qué ha de parecer una palabra ñoña? Es sabido que obras son amores, y que la caridad vive en las obras, necesita obras, obras de caridad. Y es cierto que a las obras les ocurre lo mismo que a las palabras; junto con el poder de transmitir el espíritu llevan también consigo la fragilidad propia de los signos manipulables. No son caritativas todas las obras que dicen serlo. No es fácil reconocer la caridad auténtica, gratuita, despegada. En el tan humano juego de los intereses creados favor con favor se paga. Así es la rutina de los estómagos agradecidos, de los deseos inconfesados que se disfrazan tantas veces de caridad. Por eso hay que insistir una y otra vez: que las “obras de caridad” no son el fin sino el medio; que no todas las obras nacen del corazón de la misma forma que no todas las palabras se dicen con el mismo convencimiento. La caridad no es la solidaridad, más fría y menos amorosa. No es el amor, más amplio e inconcreto. No es la limosna, más tangible. La caridad es el amor decidido, el amor que se da, el amor que fructifica. Es muy grande la caridad y muy grandes sus obras. Más grande que la hospitalidad, que el consuelo, que la compasión, que el auxilio, que la compañía, que la comprensión, que el subsidio o la subvención, que la confianza o que la protección. Es injusto despreciar la palabra caridad sólo porque haya sido manchada con la hipocresía. Si renunciamos a emplearla ¿cómo llamaremos a lo que SIGNIFICA?

F. Javier Garisoain