CUERPO

71. CUERPO

QUIEN diga que somos un alma que tiene un cuerpo es un hereje. Somos alma y somos cuerpo. Las dos cosas a la vez. La cara es el espejo del alma y el alma es la sombra del cuerpo pues hace las mismas cosas. La separación entre el cuerpo y el espíritu es lo que nos hace antipáticos y provoca sufrimientos que prefiguran la propia muerte. Aunque se disimule entre risas y alcohol uno realmente sufre cuando se ve haciendo cosas que no quiere. Todos intuimos en algún momento, de alguna forma, que la esclavidud del pecado carnal se parece a la muerte porque como ella separa el cuerpo del alma. Cuando uno cree que da igual lo que el cuerpo haga acaba creyendo que es bueno todo lo que el cuerpo hace. Cuando uno dice que a su espíritu no le afecta, por ejemplo, que su cuerpo se entregue al sexo sin amor está diciendo una mentira. No es posible dar esquinazo a la propia sombra. Cuando uno no vive como piensa acaba pensando como vive. Es una acusación vieja y típica contra el cristianismo afirmar que la Iglesia desprecia el cuerpo. No es verdad. El sacrificio que viven y predican los santos es tanto para el cuerpo que ayuna como para el alma que se recoge en el silencio. Quienes realmente maltratan el cuerpo son los heterodoxos que bajo una máscara de misticismo lo usan o lo cuidan como si fuera una mera posesión del alma. Los cristianos sabemos que hay pecados de carne y de espíritu. Que los hay de pensamiento, de palabra, de obra  y de omisión. Sabemos, a Dios gracias, muchas cosas, las más importantes. Por ejemplo: que somos lo que somos en cuerpo y ALMA.

F. Javier Garisoain