DISCUTIR

65. DISCUTIR

OJALÁ discutiésemos más. Una buena discusión es oxigenante, gratificante y liberadora. Pero ¡cuidado! para discutir como Dios manda hay que tener en cuenta varias cosas. Para empezar hay que distinguir la discusión, que es una operación intelectual, del enfado, que no es sino una infección de los sentimientos. Después es preciso tener tiempo; no se puede discutir nada en un McDonalds. La tercera condición es la intimidad. Esas reuniones tumultuosas que se suelen celebrar delante de las cámaras de televisión no son discusiones, no son debates, no son diálogos, sólo son retahilas de opiniones, verdaderas tracas falleras que no pretenden buscar la verdad de las cosas sino llamar la atención de los espectadores. También es preciso mirarse a la cara, cosa que es difícil en el coche, ante la tele, o por internet. Cosa que curiosamente si es posible en la mesa y la sobremesa. El buen discutidor ha de aceptar unas reglas del juego. La norma número uno es que la verdad existe. Es decir, que cuando en cuestiones de fundamento dos opiniones se contradigan lo más seguro es que una de ellas sea falsa. El buen discutidor ha de estar abierto a la verdad pero si está convencido de algo ha de decirlo directamente sin añadir "en mi opinión". Eso se sobreentiende. Ha de ser humilde y blando con sus propias ideas sin olvidar que la verdad es orgullosa y dura. Discutir es, en fin, la cosa más humana: usar un cerebro animal para descubrir una verdad divina. Eso no lo hacen los animales. Tampoco los ÁNGELES.

F.  Javier Garisoain