DIVORCIO

73. DIVORCIO

ESTAR contra el divorcio es querer el bien de los divorciados de la misma forma que estar contra la droga es estar a favor de los drogadictos. San Juan Bautista y Santo Tomás Moro perdieron el cuello por predicar a su amigo, el rey, la verdad del matrimonio indisoluble. Como ellos, los cristianos estaremos a favor de los divorciados mientras no traten de convencernos de la bondad del divorcio. El divorcio es un mal. Porque si la familia es la célula básica de la sociedad el divorcio es su cáncer. Porque consiste en romper un voto. Porque hace perder la fe en las promesas. Porque una cosa es saber que somos débiles y otra renunciar desde el principio al amor entero, total y radical. Porque nadie suele “rehacer” su vida sin deshacer otras. Porque la ruptura física de la familia suprime la única institución capaz de enfrentarse a la tiranía. Porque nos asemeja a los esclavos cuya única libertad reconocida era la “libertad” sexual. Porque los divorciados sufren. Porque los hijos de padres divorciados sufren, y en el colegio se les nota. Porque es un mal que ha desencadenado otros males. Porque en el matrimonio indiscutiblemente indisoluble no cabían ni el aborto ni la eutanasia, ni era posible equipararlo con otras uniones. Ya que hemos de ir contracorriente vayamos a las fuentes, que son claras y pequeñas. No demos por perdida la batalla del DIVORCIO.

F. Javier Garisoain