FIESTA

68. FIESTA

LAS más famosas fiestas del mundo son las que empiezan o terminan con una Misa. El más alegre es siempre quien tiene la conciencia más tranquila; y para eso no hay nada como tener un poco de fe, hacer de vez en cuando una buena confesión, y confiar en un Santo amigo. En los sanfermines, por ejemplo, los pamploneses celebramos el hecho de que a nuestro primer obispo le fuera cortada la cabeza, cosa que recordamos llevando anudado un pañuelo como sangre al cuello. Parece un suceso triste pero en realidad es un aviso tranquilizador que nos da confianza y alegría. Gracias al martirio de aquél obispo pamplonés sabemos los cristianos de Navarra que lo peor que nos puede pasar es que nos corten el pescuezo. Cantemos, y que corra el vino mientras tanto, -pensamos- que no merece la pena vivir acongojado por minucias. La alegría de la fiesta cristiana no necesita poner un velo misterioso a la muerte porque la mira de frente. Así se hizo posible el encierro de los toros. Claro que un exceso de confianza puede hacer que se nos vaya la cosa de las manos. Es preciso volver de cuando en cuando al origen de la fiesta. Ahora tenemos más medios que nunca; que no perdamos de vista los motivos. Lo mejor que tienen los sanfermines no es su aparatosa consecuencia sino esas razones que han producido una explosión de vida famosa en el mundo entero. Que no olvidemos el por qué de la fiesta. Que no nos olvidemos de cómo al bueno de Fermín le cortaron la CABEZA.

F. Javier Garisoain