INTRANSIGENCIA

74. INTRANSIGENCIA

NO es lo mismo ser intransigente en cuestión de principios que ser intransigente por amor propio. En cuestión de ideales no se puede transigir. No digo que no se deba. Digo que no se puede. Es imposible, porque transigir en los principios es algo así como cambiar de principios. Todos los principios son igualmente intransigibles de la misma forma que todos los cercados son delimitadores sean de acero o de mimbre. Existen principios más sólidos que otros, pero todos ellos se inventaron, como una cerca, para permanecer el mayor tiempo posible sin ser derribados. En ese sentido todos somos intransigentes en los principios y es normal y bueno que así sea. Por el contrario en cuestión de amor propio sí se puede -y se debe muchas veces- transigir. Las virtudes de la humildad y de la tolerancia no deben aplicarse a las verdades que uno dice, sino a la persona que uno es. No es humildad transigir en aritmética. No es tolerancia permitir que se falte a la verdad. Humildad será bajar el volumen del amor propio y no el del amor a las cosas bien hechas. En fin: que no es buena cosa transigir por transigir. Llegado el caso pudiera ser bueno un cambio de principios (eso es lo que sucede, por ejemplo, cuando alguien se convierte) pero nunca su recorte. Por todo lo dicho no comparto la apreciación general que considera el término intransigente como un insulto. Depende. Pudiera ser un halago. Y además, como creo que esto es verdad, no pienso transigir. Aunque si alguien me demuestra que no tengo razón tampoco transigiré. Lo que haré será, simplemente, cambiar por otro este pequeño DOGMA.

F. Javier Garisoain