RAÍCES

63. RAÍCES

SI no fuera por La Iglesia no habría templos. Ni catedrales, ni monasterios, ni conventos, ni abadías, ni parroquias, ni capillas, ni ermitas, ni retablos, ni claustros, ni capiteles, ni campanarios, ni imaginería, ni orfebrería, ni Semana Santa, ni Navidad, ni fiestas patronales, ni altares, ni cruceros, ni relicarios, ni sepulcros, ni hornacinas, ni camino de Santiago, ni procesiones del Corpus, ni leyendas milagrosas, ni Vírgenes aldeanas, ni romerías. No habría ni siquiera domingos. No habría casi ni días festivos en los que hacer turismo. Esta España oficial, centrista y relativista que presume de indiferente en materia de religión vive de rentas porque se dedica a enseñar a los turistas el cuerpo dormido y real de la vieja España católica. Que no perdamos nuestras raíces cristianas, nos ha pedido el Papa en Madrid. ¿Será preciso recordar que una raíz no ha de ser madera muerta sino materia viva, aunque oculta, para cada árbol? A estas alturas ya nadie niega las raíces católicas de las Españas. Lo que está en juego es si merece la pena o no que sigan vivas; si es preciso que sigan aportando la sabia y sosteniendo el conjunto social. Hay quienes no tienen inconveniente en seguir viviendo del dinero que produce el cadáver de aquella España inquisitorial y trentina. Sólo exigen a cambio que sea un patrimonio inmóvil, petrificado, catalogado y disecado como las momias de Egipto. Estos nuevos bárbaros que hacen museos son casi peores que los que incendiaban conventos. Aquellos lo hacían sin saber. Estos saben DEMASIADO.

F. Javier Garisoain